Simbolismo y dialéctica de Federico García Lorca

Todo el poemario de Lorca -lo dijo él mismo- es contradictorio, paradógico, condimentado de contrastes: La luz de la poesía es la contradicción [...] La poesía no quiere adeptos, sino amantes, por eso pone ramas de zarzamora y erizos de vidrio para que se hieran por su amor las manos que la buscan. Un moderno diría que es maniqueo y simplista, como si el número dos, las dos Córdobas, fuera deleznable y no uno de los ejercios más lúcidos de dialéctica lírica:
Por las ramas del laurel
vi dos palomas oscuras,
la una era de sol
y la otra era de luna.
La una era la otra
y las dos eran ninguna.
La contradicción de los opuestos (luna y sol, gitanos y guardia civil, carne y cuchillo, noche y dia) es una metáfora de la vida, que en Lorca exige siempre la negación de una figura simétrica, frente a la cual el poeta no permanece neutral, sino que toma partido: él está con la luna, con los gitanos, con la carne y, naturalmente, con la noche íntima.
La contradicción está también en la forma. Aparentemente, por ejemplo en el Romancero gitano estamos en presencia de un poemario popular, folklórico, tradicional, donde Lorca relata sucesos dramáticos en verso romance, sin duda el más típico de la poesía española. Pero en realidad Lorca nos introduce en un mundo intelectualmente rebuscado, en un bosque anegado de símbolos, culto hasta el extremo de incorporar las últimas innovaciones de la vanguardia artística europea. Lo reconoció él mismo: El Romancero gitano no es un libro popular, aunque lo sean algunos de sus temas. Sólo son populares algunos versos míos, pero sólo en minoría [...] la mayor parte de mi obra no puede serlo, aunque lo parezca por su tema, porque es un arte, no diré aristocrático, pero sí depurado, con una visión y una técnica que contradicen la simple espontaneidad de lo popular.

La Historia no es una ciencia. Es muy difícil que el historiador se sustraiga a su ideología y sea totalmente subjetivo. Y si esta ideologización pasa hoy con todos los medios de comunicación que existen y con las posibilidades de contrastación de las fuentes, imaginemos entonces las visiones subjetivas y las manipulaciones ideológicas que había en épocas como la Edad Media. En el caso del historiador de la lengua tampoco escapa a esta ideologización. Y eso es lo que ha pasado con la Hª del andaluz, que al ser estudiado desde una óptica castellana se ha perseguido todo aquello que fuese bien para la tesis final que se mantiene, que no es otra que el andaluz es un dialecto del Castellano o una forma diferente de hablar el español como sostienen los filólogos más “andalucistas” porque hay otros que no contemplan ni eso, sino que creen que el andaluz es un castellano mal hablado. Y no crean que esta postura es defendida desde fuera de Andalucía pues un filólogo granadino como Gregorio Salvador, que fue ayudante de Manuel Alvar en la confección del Atlas lingüístico de Andalucía llegó a declarar, rizando el rizo, que “hablar de dialecto andaluz es de imbéciles” declaraciones hechas a Diario-16 de Andalucía el jueves 6 de marzo de 1997 durante los mismos días que se celebraba el I congreso del habla andaluza.
1 Rahô dialertalê i ortografíâ en tehtô andaluzê
ESCRIBIR EN ANDALUZ